La multinacionales
Los señores feudales del siglo XXI
Por Alberto D. Fraile OliverSi nos hacemos la pregunta de cuál es la institución dominante de nuestro tiempo en la sociedad globalizada llegaremos pronto a la conclusión de que es la empresa multinacional. Hace 150 años este tipo de empresas eran algo insignificante, pero en la actualidad son algo omnipresente. Las vallas publicitarias, los anuncios en el transporte público, la televisión y el resto de medios de comunicación -que en su mayoría son propiedad de dichas empresas- nos lanzan agresivamente sus logotipos y nos exigen que compremos sus productos.
Como ocurrió con la iglesia, la monarquía o el partido comunista de otras épocas y lugares, el poder e influencia en nuestras vidas de la empresa multinacional es desmesurado. El año pasado las 500 multinacionales más poderosas del mundo controlaban el 52% del Producto Mundial Bruto.
Se trata de una institución que crea mucha riqueza pero que causa enormes daños sociales y medioambientales. De hecho, la ley les obliga a poner los intereses de sus propietarios (accionistas) por encima que cualquier otro interés, incluso del bien público. Solo le preocupa el beneficio a corto plazo de sus accionistas, que son un pequeño grupo.
Son grandes empresas comerciales y de negocios que cotizan en bolsa. Las más grandes se encuentran en EE.UU. aunque en Europa y Japón están floreciendo. Como la globalización ha ampliado su ámbito de influencia más allá de las fronteras nacionales su repercusión afecta en el resto del mundo ya que intentan devorar el mayor beneficio posible a costa de los demás. Tienen tanto poder que muchas veces ya no pueden ser controladas ni por los gobiernos ni por los estados. Dos ejemplos del poder de dos multinacionales norteamericanas: La petrolera Exxon Mobil supera al producto interior bruto de Austria y el volumen de General Motors es superior al producto interior bruto de Dinamarca.
Daños colaterales.
Esta expresión, “daños colaterales”, es la que emplean los militares cuando el misil que disparan se equivoca en su objetivo y cae sobre una casa y mata a civiles inocentes. Las empresas multinacionales también causan grandes daños colaterales en su búsqueda desesperada por el lucro y la rentabilidad. Olvidan que otras personas pagan las consecuencias de su fuerte impacto en la sociedad y el medioambiente.
Utilizan a gente desesperada que acepta trabajar en condiciones de explotación en países del tercer mundo para producir productos que se venden en el primer mundo a elevados precios. Explotan a niños en el tercer mundo para fabricar ropa de marca y luego hacen agresivas campañas publicitarias en el primer mundo para que los niños exijan a sus padres que les compren esos productos a precios desorbitados.
Vierten compuestos químicos sintéticos que envuelven nuestro hábitat contaminando el aire, la tierra y el agua. En este momento la humanidad padece una epidemia de cáncer, en gran medida provocada por la industria.
Todos los sistemas vivos de la Tierra están en decadencia; lo que sostiene la vida, incluso la nuestra, está en decadencia. Por culpa de empresas extractivas, abusivas y despilfarradoras, que toman abusivamente de la Tierra sin respeto alguno y sueltan indiscriminadamente su residuos a la biosfera, estamos dejando una herencia de veneno y destrucción a las generaciones que aún no han nacido.
Las industrias han tenido conocimiento de los efectos secundarios que produce su actividad y han intentado trivializar esta información, incluso utilizando a gobiernos para lograr su objetivo. Sus campañas apoyadas por grandes gobiernos como el de EE.UU. para negar el cambio climático son solo un ejemplo.
Para la empresa multinacional en muchas ocasiones es más rentable infringir la ley que cumplirla. La multa puede considerarse un coste de producción más. Obedecer la ley finalmente es una cuestión de costes y beneficios.
A veces, dentro de la hipócrita moda de la responsabilidad social hacen campañas a favor del medioambiente pero no hay que olvidar que el ejecutivo trata los valores sociales y medioambientales como un medio para maximizar la riqueza del accionariado y no como un fin en sí mismo. Utilizarán el medioambiente en su publicidad al igual que utilizan a una mujer desnuda con el único propósito de ganar más. La ética y la moral están supeditadas a los intereses económicos de los accionistas. La religión del máximo beneficio es el principio rector de este tipo de empresas, incluso si ello obliga a la explotación infantil, a la explotación de trabajadores o el expolio del medioambiente.
Poder en la sombra.
Las reglas de la globalización no son democráticas ya que no han contado en su redacción con la participación de los países ni de las comunidades más afectadas. La globalización empresarial daña los procesos democráticos nacionales porque aleja la toma de decisiones económicas de los parlamentos y de los ciudadanos. La globalización neoliberal favorece la dictadura económica y el hecho de que sean las grandes compañías las que asuman el control.
Cada vez más expertos coinciden en que los líderes que están al frente del sistema político tienen muy poca capacidad de decisión en lo que es realmente importante. Es bastante evidente que son las grandes multinacionales que desde la sombra dictan las reglas del juego. Las multinacionales, por primera vez en la historia tienen más poder que el propio estado o gobierno.
De este modo la democracia se está convirtiendo en una mentira que oculta una oligarquía (poder de unos pocos). Llamar democracia al sistema que nos permite depositar un voto cada 4 años y que obliga a los políticos a seguir los dictados de los grandes grupos económicos para mantenerse en el poder es una burla. En realidad, democracia es el derecho que la gente tiene de gobernarse, de participar activa y decisivamente en la vida política, económica y cultural del lugar en el que vive. Quienes realmente hacen esa labor en este momento son las grandes empresas.
El programa político de este poder en la sombra es muy sencillo. La globalización exclusivamente económica y financiera que persiguen pretende convertir la realidad del mundo en un mercado en el que todo se puede vender. Según la visión neoliberal que abandera este cambio no existe la sociedad sino que vivimos en un mundo de individuos en competencia permanente donde solo existe el mercado.
Para ello en los últimos 25 años han ido quitando de su paso todos los obstáculos que se presentan. El cambio se ha hecho por pequeños pasos lo que ha permitido ser asumido sin muchas quejas. Emplean la coartada del libremercado para apropiarse de todos los servicios públicos. Todo se convierte en mercancías: educación, seguridad, sanidad, justicia. Son filones jugosos sobre los que están asaltando.
Pero si se analiza en profundidad las privatizaciones suponen un gran problema, ya que se confía en las grandes empresas con afán de lucro para perseguir el bien colectivo. Y estas empresas están comprometidas por la ley a anteponer sus propios intereses a los de los demás: pueden actuar en formas que promuevan el bien público cuando hacerlo les beneficia, pero lo sacrificarán -están obligadas legalmente a hacerlo- cuando sea necesario para servir a sus propios fines.
En definitiva, persiguen la dominación intelectual y cultural, el control científico, económico y político del mundo. Y para ello están reduciendo la capacidad de decisión de las poblaciones y de los individuos en cuanto a su futuro.
Sus instrumentos
Los instrumentos empleados para lograr este programa son principalmente tres instituciones financieras que están fuera del control político democrático: el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial de Comercio (OMC). Son instancias al servicio de las grandes empresas transnacionales, su propósito es abrir las economías y sanearlas para que estás empresas puedan llevar adelante sus operaciones de saqueo.
En numerosas ocasiones la OMC ha exigido a las naciones, bajo pena de imponerles fuertes sanciones, que modifiquen o revoquen leyes diseñadas para proteger el medioambiente, a los consumidores u otros intereses públicos.
EMPRESAS PSICÓPATAS.
La institución dominante, la empresa multinacional, la más rica y más poderosa del momento es una máquina de destrucción cuyo perfil es el prototipo del psicópata, cuyas características son:
- Cruel indiferencia por los sentimientos de los demás.
- Incapacidad para mantener relaciones duraderas.
- Es irresponsable porque en su pretensión de obtener más beneficios todo los demás deja de importar.
- Tratan de manipularlo todo incluyendo políticos, instituciones nacionales e internacionales y a la opinión pública para lograr sus objetivos
- Son ostentosas. Insisten siempre en que son líderes, los mejores.
- Temerario desprecio por la seguridad de los demás.
- Falsedad. Mienten y engañan repetidamente a los demás para conseguir un beneficio.
- Incapacidad de sentirse culpable.
- Incapacidad para ajustarse a la normas sociales relacionadas con el cumplimiento de las leyes.
En resumen la empresa multinacional, como personalidad psicopática a la que se asemeja, está programada para explotar a los demás en aras del beneficio económico. Ése es su único imperativo legítimo.
Fuente: “La Corporación”. Joel Bakan. Ed. Robinbook.















Esta entrada fue escrita el Domingo, diciembre 7th, 2008 at 3:13 pm y está archivada bajo las categorías Portada, Sociedad. Puede seguir los comentarios a esta entrada a través del RSS 2.0. Puede dejar una respuesta, o un trackback desde su sitio web.