La nueva burbuja financiera que nos tiene preparada la élite económica mundial

Por

24 febrero, 2011

“La Naturaleza disminuye según el capital va creciendo. El crecimiento del mercado no puede resolver la crisis misma que ha causado”

Vandana Shiva

La sala de la Universidad de Dakar donde se celebraba el esperado encuentro estaba reservada por partida doble, no había mapas para encontrarla, la sesión empezó con retraso y la acústica era penosa. Se hicieron valientes intentos de repartir equipos de interpretación simultánea y complementarlo con interpretación susurrada y apuntes en Inglés, Francés, Español y Portugués. Esto era lo normal en el africano Dakar, y la gente se había acostumbrado ya a tomárselo con buen ánimo.

Tan esperado encuentro formaba parte del último Foro Social Mundial. Durante el mes de Febrero, miles de representantes de la sociedad civil de todo el mundo, incluyendo algunos baleares, se han dado cita en el FSM, celebrado en Dakar, con el fin de aprender, escuchar y compartir información sobre el poder corporativo y las nuevas tecnologías, y sus impactos sobre las comunidades del mundo. En el proceso hacia la Cumbre de Río+20 en mayo del 2012, la comunidad internacional se verá confrontada con una agresiva lista de propuestas tecnológicas y políticas de la llamada “economía verde”, así como con importantes decisiones relativas a la agricultura, el medio ambiente y las instituciones. El Foro Social Mundial en Dakar ha brindado a la sociedad una oportunidad para compartir la información y los planes de acción para los próximos meses y años.

De entre los muchos participantes en el FSM de Dakar, la plataforma “Nuestro Mundo No Está En Venta” (Our World is Not for Sale - OWINFS) es una red de organizaciones, activistas y movimientos sociales que se oponen a la globalización corporativizada, y que trabajan por la creación de un sistema sostenible, socialmente justo, democrático y responsable. Ellos organizaron el esperado encuentro que nos ocupa: un panel de estrellas compuesto por Naomi Klein (autora de “Capitalismo Desastre” - Disaster Capitalism), Susan George de ATTAC, el embajador boliviano ante la ONU Pablo Solon, y Banya Djigou, un carismático líder de pequeños campesinos en Nigeria.

Según el análisis de tan ilustres ponentes, lo que estamos viendo en este año 2011 es – ¡ay! – cómo se cumple la profecía que lanzó Susan George en su sátira de 1999, “El Informe Lugano”. Este mundo ya no lo dirigen los gobiernos, sino la élite económica de Davos, en sí misma incapaz de regular la montaña rusa financiera, el aumento de la contaminación, la pobreza miserable combinada con el lujo insensato de unos pocos, las crisis alimentarias y el acaparamiento de recursos – no ofrecen solución alguna a estos problemas – incapaces pero todopoderosos como son, totalmente comprometidos como están con Hacer Negocios Como Siempre… o sea, Más de lo Mismo.

CÓMO SACARLE TAJADA A LA CRISIS ECOLÓGICA

Una fina capa de barniz verde cubre la avaricia descarnada. La Clinton Global Initiave, nos contó Susan, tiene más poder que la ONU al completo, y su campaña a favor de la “economía verde” nos empuja calle abajo hacia Rio+20. Pero, ¿qué es la “economía verde”? Cada uno de los ponentes señaló que se trata de una nueva burbuja financiera, que sustituye al dinero con créditos de carbono, y probablemente desemboque en un crack mundial aún peor que el del 2007. Entretanto, permite a las multinacionales comprar permisos para contaminar, al abrigo de instrumentos económicos y programas como la EU-ETS (Emissions Trading Scheme – el regimen europeo de comercio de derechos de emisión), REDD (Reducción de Emisiones for la Deforestación y Degradación de los bosques) ó  PES (Payment for Environmental Services – el pago a propietarios por los servicios medioambientales que realizan sus tierras)… todos ellos basados en la “conservación” (léase: mercantilización) de tierras y bosques del Tercer Mundo, y la intensificación de las exportaciones a costa de la seguridad alimentaria local. Ponentes en otras sesiones del FSM llamaron a este proceso la nueva colonización de los bienes comunes globales.

Richard Samans ofrece un análisis perspicaz en “Gestionando el Mundo Tras el Crack”, en la edición de Enero de Foreign Policy. Hace dos años, las élites estaban muertas de miedo tras el colapso global, sus dictámenes económicos desacreditados. Miles de ciudadanos se lanzaron a las calles. Cayeron gobiernos. Otros prometieron desesperadamente una nueva era de re-regulación financiera, de cooperación internacional en temas relacionados con el medioambiente y con las crisis alimentarias creadas por el neoliberalismo y el crecimiento exponencial. Pero poco después recuperaron la seguridad. Los bancos eran “demasiado grandes para caer”. Al contribuyente se le dijo que tenía que pagar la factura que habían dejado tras de sí los playboys del mundo occidental. Billones y billones en deuda privada fueron transferidas al contribuyente (socialismo para los ricos) – una factura que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos tendrán que pagar. Consecuencia: “no hay más dinero”, nos dicen, para financiar la acción climática, la ayuda internacional, las escuelas, la sanidad, las viviendas, la creación de empleo o las infraestructuras. Las élites aún se están riendo camino del banco… Y los altos prelados del sistema (reunidos en Davos en Enero 2011) dicen que el próximo giro de la rueda financiera estará basado en los créditos de carbono.

¿QUÉ HACEMOS ENTONCES?

Los ponentes de OWINFS apelan a que se realicen protestas por todo el planeta, empezando en torno a la reunión del G8 en Deauville el 26 y 27 del próximo mes de Mayo, la del G20 en Cannes el 3 y 4 de Noviembre (a la que ha sido invitada España), y varias reuniones de la ONU para impulsar la mal-llamada “economía verde”. Lanzaos a las calles, nos dicen, pero tened cuidado, porque la represión es cada vez más violenta. Deberemos reclamar un referendum mundial en torno a políticas clave.

Todos los ponentes estuvieron de acuerdo en que la justicia climática es el tema que conecta a todos los demás: soberanía alimentaria y vuelta a lo local en lugar de acaparamientos de agua, tierras y recursos; derechos para las mujeres y los emigrantes; colocar los Objetivos de Desarrollo del Milenio por encima de la privatización y la globalización que pretende la Organización Mundial del Comercio (OMC). Será una lucha (no-violenta, esperemos) a tres niveles: ideológico, organizacional y espiritual.

   

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