La Utopía de Leo Bassi
El bufón regresa con una catarsis política
Por Alberto D. Fraile OliverEn esta ocasión fue muy cómodo para Leo. Acabó la función en el teatro de Muro y se fue a dormir a su casa de Campanet. Nada de hoteles, nada de aviones. En las butacas del teatro que hacía tiempo que no veían a tanta gente reunida, estaban sus amigos, sus vecinos, hasta el que le trae la leña… No cabía ni una gallina más en el gallinero. Y así, en familia, desembarcó el bulldocer Leo Bassi para ofrecer al público 2 horas de catarsis política y 30 minutos finales de impagable poesía circense.
En la primera parte de la obra, el Leo Bassi que todos conocemos: gafas de pasta y muy mala leche, ofrece un alegato contra la corrupción con varios gags que hacen apretarse en la silla. El parecido de su personaje con Abel Matutes es directamente proporcional a la caña que le da a los políticos de su calaña.
En forma de monólogo va desgranando la podredumbre institucional que nos rodea y de paso ayuda a la necesaria terapia colectiva de reírse de lo patético de nuestra clase política. Ya solo por eso merece la pena la obra. Pero hay más, mucho más.
No es un mero repaso superficial, este Bufón hace un repaso pedagógico por la historia y con varios guiños autobiográficos y con mucho compromiso político ofrece una lección muy necesaria de porqué estamos como estamos. Leo es un humanista, muy bruto y bocazas, pero un humanista al fin y al cabo. Un bufón de la vieja escuela que no se calla y que mete el dedo en el ojo si es necesario. No hay que estar al cien por cien de acuerdo con sus planteamientos -que en más de una ocasión son algo más que gruesos- para reconocer que Leo hace bien su trabajo. Ahora bien, las mentes bien pensantes y sobretodo las personas a las que no les gusta que confronten sus creencias, absténganse de acudir. Si algún obispo, especulador, golfista o pijo asiste, se pondrá de mal humor.
La obra Utopía es una crítica feroz a la derecha y una bofetada indignada a la izquierda, que mientras observa como ha caído el sistema neoliberal que tanto ha criticado simplemente se saca los mocos.
Cuando parece que la obra se acerca a su final, Leo regala un acto poético al público. Media hora impagable en la que las butacas pasan del cabreo y la frustración a la fantasía y la inocencia por arte de birlibirloque. Todo gracias a que Leo rescata al payaso blanco. Se caracteriza encima del escenario y la energía de la sala va cambiando a medida que Leo se transforma. Y allí aparece un arquetipo del circo, que no solo trasciende a Leo sino que trasciende el tiempo y el espacio. Y de la mano de este payaso blanco salimos del lodo de la corrupción y volamos al mundo de la fantasía. La fantasía de que es la hora de despertar y construir un mundo mejor. La hora de resucitar de debajo del hormigón las utopías… La hora de soñar de nuevo… Es la hora del patito de goma.
Señores políticos vayan a ver a Leo si tienen un hueco entre imputación e imputación. Nuestra maltrecha democracia lo agradecerá.
Un comentario para “La Utopía de Leo Bassi”
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Me ha encantado el artículo, que pena que no pudiera ir al bueno de Leo en directo.
Es hora de cambiar el sistema. Si seguimos estando en manos de “señores” políticos mal vamos.