4

julio

2009

“Lo inorgánico devorando a lo orgánico”

Cuaderno de Viaje (2)

Por

Martes 30 de junio. Madrid

360220442_049cd966c3_mÓscar mi anfitrión trabaja en el departamento de marketing de una empresa de comunicación. Nos reímos mucho juntos. Su ironía gallega no tiene precio y me resulta fácil sacar mi lado gamberro y ácido con él. Me lleva a ver la exposición de la fotógrafa Annie Leibovitz en la calle de Alcalá. La exposición es extraordinaria. Fotos de famosos, retratos de la era Bush, intimidades de su relación con Susan Sontag, fotos de familia, un conjunto extraordinario. Mientras miro un retrato muy peculiar de la familia Trump en el que aparece ella de pie en la escalinata de un avión de lujo, vistiendo un bikini y unos zapatos de alto tacón todo ello de color oro. Está embarazada. Mientras, Donald, su marido, está sentado en un deportivo espectacular con una pose de poder… Es un conjunto marciano, una mezcla entre un anuncio de Freixent y una escena de Gattaca. Un hombre que está junto a mí comienza a describirme la foto: “América, puta América. El materialismo llevado al paroxismo. Lo inorgánico devorando lo orgánico. Ahí lo tienes.”

Le miro sorprendido y continúa: “todo indica que las condiciones del planeta van ir a peor y tendremos que servirnos de los inorgánico para vivir. Dependeremos de la tecnología para sobrevivir.”

En mi opinión cuando no existen un mínimo de condiciones orgánicas la vida no es posible. Si tenemos que vivir en la Tierra como si estuviéramos en una Estación Espacial mejor extinguirnos y reconocer, como dice Jane Goodall que “hemos fallado como especie”.

Las frases lapidarias de este crítico social espontáneo me traen a la memoria unas palabras de Cristóbal Serra que hace una evolución entre las palabras América, amerga y amarga. Para concluir: “Amarga América”. Miro de nuevo la foto a través de las palabras de este hombre y la veo de otra manera. La verdad es que es completamente antinatural y esterilizado. Una mujer embarazada rodeada de metal y de motores mientras su marido se muestra orgulloso de todo ello. El hombre sigue con su retahíla: “Aquí llevamos treinta años imitando a los americanos y cada vez nos parecemos más”.

Me vienen a la cabeza los ejecutivos de Plaza de Castilla y me da un poco de mal rollo… “lo inorgánico devorando a lo orgánico”.

Miércoles 31 de junio. Madrid.

No resulta fácil dormir en Madrid. El calor, el café… siento como una vibración que no me permite relajarme… A las 8 escucho desde la cama como Bárbara, la pareja de Óscar, llega a casa después de una guardia. Es médico. Ha trabajado 24 horas seguidas. No logro comprender por qué los médicos tienen que hacer esas guardias inhumanas. ¿Hay alguna profesión en la que se haga? Los bomberos, tal vez, pero después se toman varios días libres. No me gustaría ponerme en las manos de un médico que lleva 24 horas sin dormir. No tiene sentido, yo si no duermo mis 8 horas no hay quien me aguante y no me quiero imaginar operando sin haber dormido. Para reafirmar me quedo retozando en la cama y releo el libro que ayer me dio Mario Conde, un gran madrugador, por cierto. Contiene verdaderas joyas.

Caras tristes, mentes inquietas

En el metro me fijo en lo típico: las miradas perdidas de la gente. Nada nuevo, lo sé, pero para alguien como yo que no coge el metro habitualmente suele llamar la atención. Miradas fijas que evitan cruzarse. Caras tristes. Casi puedo oír el ruido de los pensamientos en piloto automático de la mujer que tengo enfrente. Una cacofonía de ecos que se entremezclan con los mensajes publicitarios de las estaciones y los titulares leídos furtivamente del periódico del vecino. El hombre que está a su lado calla al mono loco de la mente leyendo el periódico. Su mente está anclada en las páginas de El País y los pensamientos no deambulan como burbujas de un salva pantallas. La mente está fija y succiona a través de los ojos frases, titulares, anuncios… Esa es una manera dirigida de meter información y para los que no tienen porquería que llevarse a la mente ya están los carteles publicitarios.

Web 2.0

Tengo una reunión a la una con la gente de Chandra. Una organización que se encarga de elaborar tecnología para dinamizar el voluntariado, son pioneros en conectar a gente y empresas que quieren colaborar con proyectos solidarios. Desayuno tranquilamente y me voy a la Casa del Libro y a la Fnac a ver libros y pasar el rato hasta que se haga la hora. Después de una rato cojo de nuevo el metro para la reunión. Cuando entro en la estación suena el móvil. Es la gente de Chandra diciéndome que hemos quedado a la doce y que llevan media hora esperándome. Juraría que habíamos quedado a la una. Aprieto el paso, dudando si he apuntado mal la hora o si simplemente Madrid me tiene empanado. Llego a las 12:30; media hora tarde para ellos, media hora pronto para mi. Sin embargo la reunión fluye bien. Hablamos de la web 2.0 y de las posibilidades técnicas para crear una red social en la onda de Namaste. Un paso más en el proyecto. Una nueva fórmula para unir a gente interesada en los temas de la revista y reinventar la colaboración y el voluntariado. Como se suele decir, es el comienzo de una buena relación tengo la senación de que son gente igualmente cualificados que los ejectuvos que he visto estos días pero con alma. Tengo la sensación de estar entre compañeros. Sus miradas tienen brillo y su trabajo mucha fuerza…

Como con Óscar y con Manuel en un vegetariano. Manuel es un compañero de carrera que trabaja en el departamento de publicidad de Telefónica. Cuando estudiábamos periodismo él tuvo un despertar espiritual bastante intenso en una época en la que yo tenía otras prioridades. En aquella época, año 1998, me habla de Reiki, meditación, de Chi Kung y a mí me sonaba a chino… algún tiempo después cuando ya había regresado a Mallorca e inicié mi proceso se inició una comunicación bastante sincera que aún mantenemos a día de hoy. En este momento él está de subida y yo de bajada. Su reconexión con Galicia y sus rincones le ha compensado el desgaste energético, que no económico, de trabajar en Telefónica.

En el primer plato hablamos de la dificultad que supone tener hijos. Manuel lo tiene claro, no quiere tener y ya terminó una relación anterior porque no cedió a las presiones de su pareja para procrear. Óscar tiene la puerta abierta, y seguro que acaba sucumbiendo a las presiones de su pareja. Y yo ya he sido padre. Les cuento un poco mis experiencias, las dificultades, los sacrificios… y le digo a Óscar que se lo piense bien, el ritmo de trabajo que llevan él y Bárbara no es muy realista si quieren tener un hijo, sobretodo si sus padres no viven cerca para poder ayudarles. El impacto que supone tener un hijo para la carrera profesional y la dedicación al trabajo es brutal. Y si no estás dispuesto a renunciar, mejor no tener hijos porque la fricción puede ser demasiado grande… la verdad es que tengo la sensación de que Madrid es un lugar para producir e ir al teatro de vez en cuando, pero no me parece que sea fácil tener hijos en una ciudad como esta, queriendo mantener un nivel profesional alto y sin abuelos cerca. El modelo productivo no entiende de maternidades.. Óscar aguanta el chaparrón pero noto en su mirada que no le ha calado… ya hablaremos cuando seas padre, amigo.

A las seis de la tarde tengo cita con Carlos Taibo profesor de la Universidad Autónoma de Madrid. Tengo mucho interés en entrevistarle para hablar de decrecimiento y conocer su perspectiva sobre la crisis y las posibles salidas. Quedo con él en la Plaza Dalí junto al Palacio de los Deportes. Siempre que he leído algo suyo o sobre él me ha parecido muy interesante. Óscar y Manuel me acompañan. Sin embargo esa entrevista no se llegará producir… una atasco en la calle Génova lo impide. Las condenadas obras de Madrid se interponen entre Carlos Taibo y yo. Casualmente estamos atrapados frente a la sede nacional del Partido Popular. Buen sitio para que se frustre una entrevista sobre decrecimiento. A las seis y diez le llamo para decirle que llego con retraso a causa del tráfico, le noto algo molesto. A las 18:30 cuando aún estamos en el embotellamiento recibo un mensaje: “Lo siento pero me tengo que ir”. Me quedo helado. No solo por la entrevista perdida sino porque me sabe fatal haberle hecho perder el tiempo. Realmente Madrid me cuesta. Pasé en esta ciudad 7 años… y ahora tengo claro que hice bien en irme.

De perdidos al río. Ya que la he pifiado con la entrevista en lugar de fustigarme decidimos ir a tomar algo. Vamos a Chueca a tomar unos mojitos. “A las penas, puñalás”.

¡Llegar en coche de Goya a Chueca y aparcar nos lleva una hora y media! De Madrid al Cielo… tururú. Paseando por Chueca veo que la frescura de años atrás se ha ido perdiendo, y mis amigos me confirman que la vanguardia está abandonando el barrio y está buscando nuevos horizontes, en La Latina, quizá.

Nos damos de bruces con los prolegómenos del Orgullo Gay y finalmente nos sentamos a tomar algo. Mientras una pareja de homosexuales se besa apasionadamente en el sofá del bar en el que nos encontramos, inicamos una conversación sobre las mujeres, la sexualidad y todo los relacionado con la dificultades que aparecen en cualquier relación con el paso del tiempo… A medida que los mojitos se suceden la conversación coge un cariz más confidencial. La verdad es que no hay nada más terapéutico para un hombre que una conversación sincera con iguales… quitarse las máscaras y los corsés de lo políticamente correcto . Las realidad siempre es más compleja y rica que las apariencias… y las raras veces que en una reunión de hombres se habla de sexo sin caer en los chistes fáciles y los estereotipos, hay que aprovecharlas. Y todo ello sucede en el corazon gay de Madrid.

Caminamos un rato por la calle y veo la parte buena de la ciudad su gente: las risas y la tolerancia reunidas en una calurosa noche de verano. Vida social, conversaciones interesantes, cultura, cachondeo, fiesta… supongo que los vecinos tienen una opinion bien distinta. Todo eso es genial pero no compensa los desequilibrios que produce la falta de calidad de vida, el insufrible tráfico, la contaminación, lo difícil que resulta tener hijos y el déficit de vida orgánica y de espacios sanos. La balanza se inclina hacia el lado negativo. I’m sorry.


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2 comentarios para ““Lo inorgánico devorando a lo orgánico””

  1. Manuel dice:

    al hilo de lo sano que es vivir en esta ciudad, ahí va otro dedicado

    Terapia de choque ………..”a la madrileña”

    Llovía afuera y yo sin paraguas, caminaba despreocupadamente mojándome por Malasaña. Alguien me dijo una vez que era bueno mojarse bajo la lluvia, que te limpiaba el alma.
    Al doblar una esquina me tropecé de frente con mi psicoanalista, que bajo su paraguas, se metía puntas de llave de coca como si no fuera la primera vez.
    Al verme cerró el tenderete con dos hábiles movimientos y me preguntó sin diván:

    -Hola Manuel, ¿cómo te encuentras?.

    No pude contestar. Ahora llovía adentro y yo sin palabras.

  2. Juan Carlos dice:

    Gracias por el artículo y gracias por el comentario, los he leído con verdadero placer. Desde que vivo en el campo la gran ciudad me asusta, me lo pienso siempre antes de adentrarme en ella, pero valoro sobremanera el encuentro con otras personas, el intercambio de conversaciones vibrantes… la ciudad te recarga de energía, de ideas.
    Y tambien es alto el precio de la soledad.

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