Lo lento es bello

Por

8 noviembre, 2010

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Hace algunos años, mi vida estaba bastante influenciada por la prisa. Como la de tantas personas, por otra parte… Las demandas profesionales superaban en ocasiones a mis posibilidades de atenderlas, y el mundo familiar y mi propio espacio personal se iban estrechando, casi sin que yo me diese cuenta.
Por fortuna, algunas pequeñas anécdotas familiares me devolvieron a la lucidez: estaba cayendo en el riesgo de priorizar en exceso lo profesional pero, a cambio, se me podía escapar de la mano, y de la vida, todo otro cúmulo de relaciones, personas y experiencias verdaderamente importantes.
Así comenzó la historia del libro que acabo de sacar a la luz: “Despacio, despacio…” (20 razones para ir más lentos por la vida). Entre mi lucidez y este texto median más de diez años en los que decidí ocuparme de lo que era prioritario para mí, aprender a decir “no” en algunas ocasiones y reapropiarme de mi tiempo para ser yo quien estableciese la dirección y duración de mis viajes y mis actividades.

 

REFLEXIONANDO SOBRE EL TIEMPO
¿Qué es lo que fui aprendiendo…? Lo primero, esencial, que siempre es necesario detenerse a reflexionar cuando nuestra vida está organizada desde el exterior en mayor medida que desde nosotros mismos. Reflexionar y, además, distanciarse para hacerlo, si es posible. Un tiempo fuera de España me ayudó a ver claras mis prioridades y a encontrar los caminos interiores para llevarlas a cabo.
Y así descubrí que, en medio de mi forma de vida, agazapado pero en una posición central, estaba el tema del tiempo. Tiempo para mi sostenibilidad personal; cambios en el uso del tiempo para la sostenibilidad del planeta… Me di cuenta de que estamos perdiendo el alma, que se mueve despacio, empujados por la prisa por producir, por consumir, por desplazarnos de un lugar a otro…, prisas que son las responsables de la destrucción ambiental que generamos con nuestros modos de vivir.
Hoy creo saber que el tiempo es una de las medidas de la felicidad. La forma en que disponemos de él es un indicador de nuestra capacidad para auto-organizarnos, para ser felices, desarrollando las múltiples facetas de nuestra personalidad.
En general, sólo valoramos el tiempo cuando enfermamos, sufrimos un accidente o nos hacemos viejos. Entonces, al mirar atrás, desearíamos no haber hecho tantas cosas inútiles y haber sabido elegir mejor, haber dedicado más horas a esos intangibles que no cotizan en bolsa (el amor, la amistad, la contemplación de la naturaleza…) en lugar de ir corriendo de un lado para otro secuestrados por el trabajo y las rutinas.

 

EL MOMENTO OPORTUNO
Los griegos tenían tres dioses para hablar del tiempo: Kronos, Airón y Kairós. Este último me interesó especialmente en mi búsqueda. Kairós es el momento oportuno, el instante en que el surfista puede pasar la ola, el acontecimiento mágico y valioso que llega sin avisar y modifica nuestra historia… De su mano vivimos las experiencias que nos transforman, los momentos que marcarán nuestros recuerdos cuando miremos hacia atrás.
Hacerle sitio a Kairós es imprescindible. Eso significa no tener todas las horas del día ocupadas, estar disponibles para que sucedan cosas en nuestras vidas. Para ello, necesitamos liberar tiempo, ser plenamente conscientes de cada momento presente y vivirlo sin prisas, con atención a lo que ocurre, manteniendo una quietud interior que nos hará disfrutar del sabor de cada experiencia.
Kairós nos recuerda que los seres humanos además de “faber” somos “ludens”, que compartir tiempo es compartir uno de los recursos no renovables más difíciles de manejar. Un recurso que no puede ser acumulado, que no se puede comprar ni vender, ni siquiera guardar… ¿Somos conscientes de todo ello? ¿Nos hemos parado a pensar alguna vez que lo lento es bello?

 


UN RITMO APROPIADO A CADA CASO
La lentitud es una metáfora. No siempre podremos ir despacio. En ocasiones habrá que correr, si estamos llevando a una persona en una ambulancia, por ejemplo. Pero, por fortuna, nuestra vida no consiste en ir con enfermos graves todo el tiempo, de manera que lo primero que se impone es reducir la velocidad, cambiar de rumbo, y mirar el mapa con detenimiento.
Y así aprenderemos que ir más lentos no significa no hacer cosas, sino hacerlas con el ritmo apropiado en cada caso. Que necesitamos construir una nueva normalidad, en la que lo “normal” no sea tener las agendas saturadas, la vida organizada para ir todo el día corriendo de un lugar a otro… Esos, que ahora parecen ser signos de éxito, deberíamos comenzar a considerarlos señales de una mala organización. La nueva normalidad tomaría en cuenta otros indicadores, nos enseñaría que la libertad requiere tiempo y que el tiempo nos da libertad. Tal vez entonces, decidiendo hacia dónde queremos ir realmente, con el ritmo adecuado, podríamos descubrir esa maravillosa unión entre lentitud y belleza.

Más información:

www.slowpeople.org
Libro: “Despacio, despacio…” (20 razones para ir más lentos por la vida), Editorial Obelisco, 2010.

Presentación del libro,12 de noviembre de 2010. 20 h. Librería Literanta. C/ Fortuny, 4. Palma. Entrada libre.

 

   

2 comentarios

  1. lucia dice:

    deberiamos recuperar y poner en practica la sabiduria griega ,antiguamentete el pensar y el meditar era algo habitual y el disfrutar de la naturaleza me gusta tu planteamiento del tiempo en realidad el tiempo es el no tiempo en el espacio ,el dios griego kronos curioso ,un consejo prueben a no llevar reloj veran como se alargael tiempo y se disfruta mas del dia

  2. Angela martinez dice:

    Excelente , me gusto el concepto y tomarme este momento para felicitarla por estos pensamientos que son urgentes para todo el mundo… Namaste-


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