16
abril
2011
Luz de luna
Por Guillermo OrellApuró su tercer tequila acompañado de un buen tabaco
Ramiro era conocido por su carácter violento y pendenciero, todo un ejemplo de sangre envalentonada.
Una cicatriz segmentando la mejilla y un tatuaje rudimentario en su fornido cuello, eran una forma explícita de advertencia.
Se barajaron las cartas con rapidez, y el infortúnio de aquellos tres charros quiso que repartieran varias malas manos.
La luna predecía tragédia, de pronto, un relumbrón de piel india surgió entre el claroscuro de las cortinas.
Era Rosario la hija de la posadera, devota de la virgen de Guadalupe y cantante de rancheras de voz rasgada y con sentimiento.
A Ramiro se le transformó el semblante, sabía que siempre que aparecía aquella nativa descalza, florecían en sus manos todos los corazones de la baraja. Eso calmó a la fiera.


Esta entrada fue escrita el Sábado, abril 16th, 2011 at 8:59 am y está archivada bajo las categorías Relatos de bolsillo. Puede seguir los comentarios a esta entrada a través del RSS 2.0. Puede dejar una respuesta, o un trackback desde su sitio web.