16

abril

2011

Luz de luna

Por

Apuró su tercer tequila acompañado de un buen tabaco

Ramiro era conocido por su carácter violento y pendenciero, todo un ejemplo de sangre envalentonada.

Una cicatriz segmentando la mejilla y un tatuaje rudimentario en su fornido cuello, eran una forma explícita de advertencia.

Se barajaron las cartas con rapidez, y el infortúnio de aquellos tres charros quiso que repartieran varias malas manos.

La luna predecía tragédia, de pronto, un relumbrón de piel india surgió entre el claroscuro de las cortinas.

Era Rosario la hija de la posadera, devota de la virgen de Guadalupe y cantante de rancheras de voz rasgada y con sentimiento.

A Ramiro se le transformó el semblante, sabía que siempre que aparecía aquella nativa descalza, florecían en sus manos todos los corazones de la baraja. Eso calmó a la fiera.


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Relatos de bolsillo


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