11

marzo

2011

Mudanzas

Por

Tal vez el mejor protagonista para mis mudanzas sea mi tele.

En los últimos 13 años he cambiado de dirección 8 veces, eso implica 8 traslados completos, aumentando la dificultad en cada uno de ellos. En nuestro modelo occidental de vida, con el paso de los años vamos consolidando nuestra economía y nuestra posición, lo cual se traduce en acumular cada vez más muebles y enseres, de más o menos utilidad.

Yo creo que las mudanzas son un aspecto más de los muchos que nos definen como personas. Hay quien las organiza, coordina y piensa 14 veces, intentando asegurarse de tenerlo todo bajo control… Hay quien las teme, bien sea porque teme cualquier esfuerzo, bien porque le aterrorizan los cambios… Hay quien las improvisa, a lo bruto y p’alante, y Dios dirá… Hay quien embala absolutamente todo, haciendo múltiples paquetitos, rotulando un montón de cajas, protegiendo cuidadosamente todos los bultos y muebles… Hay quien no ha pensado en ello, y tras la mudanza conserva intacto solo la mitad de lo que ha trasladado, arañando y rompiendo el resto… Hay quien contrata un gran camión para 4 objetos… Hay quien intenta ahorrar haciendo 20 viajes en su coche, cargándolo en plan Tetris… Hay quien no pide ayuda e intenta hacerlo solo, por imposible que parezca… Hay quien reclama desesperadamente que le ayuden, aunque en realidad no lo necesita…

Y hay quien pasa por todas las fases, porque la vida es cambio y evolución, y aprende un poquito en cada mudanza, hasta convertirse en algo parecido a un experto.

Mi tele ha sobrevivido a 4 de mis traslados. Ella aún no había nacido en mis primeras mudanzas, cuando nos ayudaba un amigo de la familia. Íbamos en su Nissan Vanette destartalada, cargada a tope, y él, siempre tan bruto, nos hacía llorar de risa con sus burradas, metiéndose con los otros conductores y con las chicas que veíamos en los semáforos… Pero mi tele sí que ha viajado en mis sucesivos coches, en furgoneta, en camión y hasta en barco, sin sufrir ni un rasguño.

Tal vez sea la única que ha salido indemne, porque todos nos vemos un poquito lastimados en cada traslado. Cada cambio de dirección se relaciona con un cambio vital, de mayor o menor magnitud, y por buenos que sean, los cambios duelen. Dejamos atrás una parte de nuestra vida, a veces porque lo elegimos, a veces porque no queda otra alternativa. Abandonamos los decorados de nuestro teatro vital para que actúen en ellos otros personajes y trasladamos recuerdos y momentos metidos en cajas de cartón.

Igual que los muebles, nosotros también solemos sufrir algún arañazo o golpe al mudarnos. Pero en nuestro caso no siempre se ven, y a veces son heridas que quedan en nuestra memoria y en nuestro interior.

Mi tele ha visto 5 de mis casas y 4 de mis relaciones rotas, hasta que un buen día, por arte de magia, aprendió a ser toqueteada por mi hija. Ha sido una auténtica superviviente, aunque la pobre ya está mayor y empieza a pedir una merecida jubilación.


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