Necesitamos pueblos para nuestras almas
El genio del lugar
Por Tomas MooreLa mayoría de la gente ha oído hablar de “genio loci”, el espíritu que reside en un lugar, que se siente y se percibe en la atmósfera que emana de las características propias de ese lugar. Cuando te encuentras adentrado en el bosque, alejado de las carreteras y del sonido de toda actividad humana, sin botellas ni basura a la vista, puede que sientas en tu cuerpo y en tu corazón la pureza de ese lugar. Los griegos llamaban esa sensación Artemis
.
El alma humana necesita un flujo constante del espíritu. Lo mejor sería una variedad de distintas clases de espíritus. Así pues puede que busques un lugar especial precisamente porque te lo pida tu alma.
Un pueblo no es una ciudad, no es un poblado, y por supuesto tampoco es el campo. El pueblo tiene su propio genio que aparece cuando se dan ciertas circunstancias. Un pueblo necesita una cierta cantidad de casas, pero no demasiadas.
Necesita tamaño, pero no demasiado. Necesita tiendas y servicios, pero con moderación. La idea moderna de los pueblos podría enfocarse hacia estos signos externos, pero igualmente importante e incluso todavía más, es el espíritu creado por la combinación de las cualidades que forman el pueblo, añadido a las características particulares del lugar. No hay dos pueblos idénticos.
Para que un pueblo tenga un genio próspero que pueda alimentar las almas de su población, necesita estar definido como pueblo. Uno de los problemas del mundo industrial es que el espíritu del pueblo se filtra en la constante concentricidad de los suburbios, los parques industriales y las zonas comerciales. A mí me parece que este problema es mucho mas grave en América que en Europa y otros lugares, pero la tendencia se está extendiendo. Lo raro es que el espíritu solo se puede mantener y alimentar bajo ciertas condiciones, o se debilita e incluso desaparece. Entonces tienes una zona de casas y tiendas, pero sin genio. Las personas pueden sobrevivir ahí a un nivel básico, pero sus almas no se pueden nutrir. Cuando el alma no obtiene sustento de un lugar, se vuelve inestable, quizás neurótica y sociópata.
Prosperar como personas
Yo vivo justo a las afueras de un pueblo que de alguna manera ha logrado mantener su espíritu a pesar de que está justo al borde del caótico crecimiento comercial y moderno. El principal interés del pueblo es su bonito Ayuntamiento del siglo XIX, sobre el cuál hay un cine de películas de calidad. Tenemos un auténtico restaurante y unas cuántas pizzerías y cafeterías, una oficina de correos, un rincón de libros de segunda mano, dos viejas fábricas de textiles que ahora acogen pequeños comercios, una bonita biblioteca con cúpula y otras cuantas curiosas tiendas, y alojamiento para personas de la tercera edad.
Las casas en este pueblo están situadas o bien en una ladera empinada o al borde del río que atraviesa el pueblo. Si limpiasen el río y si se le diera el lugar adecuado en relación con el resto del pueblo, se convertiría en un pequeño idilio y el espíritu del lugar prosperaría. Pero dudo que esto suceda, porque la gente no es consciente de la necesidad del “genio loci” para su bienestar. Como la mayoría de la gente moderna, son pragmáticos y seguramente considerarían mis ideas unas monsergas románticas.
Necesitamos ciudades, aldeas, campos, bosques, y sí, pueblos donde prosperar como personas. Esta variedad de escenarios es necesaria para el alma humana, que tiene muchas necesidades complementarias. Algunas personas se sentirán atraídas por la ciudad, algunas por el campo, y algunas por los pueblos. Ésa es la belleza del corazón humano: se puede mover en varias direcciones.
Proteger al genio
El mago del siglo XV, Marsilio Ficino, dijo que lo primero que hay que hacer al diseñar tu vida concienzudamente es determinar dónde deberías vivir. Esto no es una elección puramente racional, sino el descubrimiento de lo que quiere tu corazón. Si el espíritu de tu lugar está a tono con el espíritu de tu corazón, todo está bien, y sentirás la tranquilidad que necesitas para ser creativo y establecerte. Si hay una disyunción entre estos dos elementos, te puedes sentir inestable e incapaz de vivir una vida creativa y llena.
Es una ayuda el dar una imagen al espíritu del lugar. Esto es un discernimiento incomprensible para las mentes modernas, que un espíritu que se siente, tal como aquel que sientes en las profundidades del bosque o en un pueblo verdadero, es una presencia muy similar a la presencia de una persona. Es un acto de religión natural, darle una cara y tal vez un cuerpo. El “Hombre Verde” es dicha cara para cierto espíritu de lugar, pero un pueblo tiene que tener algo además de una imagen salvaje. Nuestro pueblo tiene una especie de pilar, bajo e indescriptible, en medio de la calle principal -le llamamos sencillamente “el muñeco”- pero no estoy seguro de que este sea realmente el altar del “genio loci”. Si tuviésemos más fe innata, podríamos saber cómo darle a nuestro espíritu residente y guardián una imagen mas adecuada.
En cualquier caso, es esencial preservar nuestros pueblos y “mantener” sus genios guardianes. Un parque podría ser de ayuda, pero lo que es crucial es resistir las múltiples fuerzas que quisieran destruir el espíritu del pueblo para sus propios fines. Esto nos da una visión de la particularidad del pueblo, de la buena planificación y una dirección firme. Un McDonald podría ser una seria amenaza al “genio loci”, pero también podría serlo cierto tipo de restauración histórica. Tienes que conocer tu espíritu local tan íntimamente que seas capaz de entender concretamente lo que hace falta para protegerlo y ayudarlo a prosperar.
El espíritu local existirá para ti sólo si eres capaz de alejarte del hábito moderno de ver solamente lo que es físico y mensurable. Tienes que apreciar los “invisibles” que alimentan el alma de tu lugar. Para hacer eso necesitas ser consciente de y responder a la dimensión espiritual de tu mundo. Este tipo de espiritualidad puede no tener relación con las religiones del mundo o con cualquier sistema de fe. Todo depende de tener la imaginación y el corazón para comprender tu mundo, que puedes sentir pero no explicar, que sientes pero no puedes describir por completo, y que atesoras pero no puedes defender racionalmente.
Necesitamos pueblos para nuestras almas. Son indispensables. Incluso si eres una persona de ciudad o un granjero, una simple visita a un pueblo tiene un valor incalculable. Para nosotros que hemos sido llamados a vivir en pueblos, cualquier amenaza a su existencia es una amenaza a nuestro propio significado. La esencia y el espíritu de un pueblo no son perceptibles al ojo que está enfocado en la simple sociología o planificación vial o migraciones. Están presentes sólo para aquellos que pueden sentir el espíritu y conocen su importancia.
Texto: Thomas Moore es un antiguo monje Católico y autor de Care of the Soul (Cuidado del Alma ) y Original Self (El Ser Original)















Esta entrada fue escrita el Lunes, septiembre 29th, 2008 at 4:27 pm y está archivada bajo las categorías Portada, Sociedad. Puede seguir los comentarios a esta entrada a través del RSS 2.0. Puede dejar una respuesta, o un trackback desde su sitio web.