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Editorial: Obama

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Por primera vez en la historia un hombre de color, Barack Obama, aspira a ser presidente de los EE.UU. Todo un símbolo. La victoria de Barack Obama en las primarias demócratas de EE. UU. culmina un proceso que representa un cambio histórico. Que un negro y una mujer, Hillary Clinton, hayan sido los candidatos para luchar por la Casa Blanca ha supuesto una verdadera revolución. Para muchos, Barack Obama es una forma de decir ‘basta ya de mentiras, queremos un cambio.’

No es sólo el color de su piel lo que es diferente en este candidato, el lenguaje que utiliza también suena diferente y está devolviendo algo que mucha gente había perdido: la esperanza y el entusiasmo. Si Obama sale elegido, también será recordado por suceder al peor presidente de los Estados Unidos, George W. Bush. Frente a la prepotencia de la ignorancia de Bush, Obama representa la esperanza del cambio. Después de la etapa oscura en la que se ha alimentado el miedo y la violencia hasta extremos insoportables, que un candidato con posibilidades de llegar al poder hable de diálogo y optimismo ya es una gran noticia.

Probablemente Barack Obama no sea un santo, a nadie se le escapa que para llegar a ser presidente de EE.UU. hay que estar dispuesto a tomar decisiones extremadamente cínicas. Y que para reunir todo el dinero necesario para llegar a la Casa Blanca y permanecer en ella hay que hacer grandes concesiones. De momento ya se ha sometido al ‘lobby israelí’ y ha afirmado que su política en el conflicto entre israelíes y palestinos va a seguir siendo continuista, garantizando el apoyo incondicional a Israel.

Los presidentes de EE.UU. y de cualquier parte del mundo, llegan con grandes hipotecas al poder y su margen de maniobra está muy limitado de partida. Es muy previsible que Obama no pueda hacer los cambios radicales que serían necesarios ya que habrá gente muy poderosa dispuesta a gastar mucho dinero para que no toque algunas cosas intocables en EE.UU., como por ejemplo el hecho de que el Banco Central de EE.UU., la Reserva Federal, sea una entidad privada que controla la economía mundial en beneficio de unos pocos, o que 50 millones de personas del país más rico del mundo no tengan cobertura sanitaria, o que las emisiones de gases contaminantes de EE.UU. estén poniendo en peligro al resto del mundo, o que los lobbys petrolero, automovilístico y militar dirijan la política americana…

Su imparable ascensión está siendo tan llamativa que mucha gente sospecha que su vida puede peligrar si se sale del guión. El hecho de que se tema por su vida es una de las circunstancias que provocan que se le está empezando a llamar el ‘Kennedy negro’. Y es cierto que tiene algunas características que hacen recordar al primer presidente católico de EE.UU., John Kennedy: Su juventud, su carisma, su optimismo y su mensaje de esperanza… Al igual que Kennedy, puede acceder al Despacho Oval en un momento crítico para la humanidad; si el joven presidente católico tuvo que lidiar con la amenaza nuclear, a Barak Obama le tocará lidiar con la amenaza no menos peligrosa de la crisis ecológica y del cambio climático.

El reto al que se enfrenta Obama es mayor de lo que pudiera parecer ya que lo que necesita EE.UU. y el resto del mundo supuestamente civilizado para salir de la crisis en la que estamos inmersos es un revulsivo moral. A juzgar por sus palabras, parece la persona indicada. Si sale elegido podremos juzgarle por lo que de verdad importa: los hechos.


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Un comentario para “Editorial: Obama”

  1. Oremos por Barack Obama. Que nuestra esperanza por un cambio positivo en los EE. UU. se hagan realidad. Que la antorcha de la libertad, de la fraternidad brille pura y pueda realmente brillar y liderar para todo el mundo. Si. Oremos por Obama. Que seamos librados del mal, de los señores de la guerra. Que seamos librados de los señores del dinero. Que seamos librados de los señores de la corrupción.

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