22
febrero
2011
Parejas en un bar que no se dicen nada
Por Xavier PujadasEstás en un bar, frente a una fresquísima cerveza y con aquellos cacahuetes grasientos tan sospechosos, a la vez que irresistibles. No sabes cómo entretener la espera, así que te entregas al deporte nacional: el cotilleo. Y entre todas las mesas, te llama la atención la pareja junto a la ventana.
Él hojea de forma distraída el periódico, ella juguetea con el móvil, o agita por enésima vez la cucharilla en el café, o de repente ambos tienen la mirada perdida en el infinito… Cualquier cosa excepto mirarse o charlar. Cuántos hemos estado en situaciones similares? Justamente por eso me resisto a creer que todas las parejas que cazamos en ese estado estén ya rotas, o en proceso de disolución. Ahí empiezas a formular hipótesis, como los detectives. Jurarías que, en realidad, sus cabecitas están barruntando algo. Por qué no lo comentan pues? Se supone que la que tienen enfrente es la persona a quien aman, con quien comparten su proyecto vital… pero en esos momentos podría parecer que la confianza mutua, la pasión por vivir y los planes comunes, se han tomado un largo descanso. Tal vez están evitando hablar sobre la rutina, y prefieren el silencio a la verborrea obvia de perogrullo… o quizás lo que ocurre es que no les conviene verbalizar lo que están pensando.
Hay que decirlo todo? O quizás hay que guardarse algunas verdades en favor de una convivencia pacífica y duradera? La cuestión no solo trata de presuntas infidelidades o ilusiones ocultas (que también). A saber:
Un gran condicionante del éxito en las relaciones es la gestión individual del conflicto, y de qué forma la encajamos en la unión. Cuidado, hablo del conflicto “con” y “en” la pareja, a cómo nos afectan y cómo reaccionamos cada uno ante nuestras agresiones cotidianas (un mal día en el trabajo, un percance conduciendo, un problema de salud propio o ajeno, cruzarse con un tipejo impertinente… o también una discusión conyugal). Hay gente muy expresiva, incluso gente demasiado expresiva. Hay quien prefiere guardarlo en silencio, y con ello a menudo van llenando gota a gota un vaso invisible hasta que acaba colmándose, y así de repente un día explotan sin venir a cuento. Y en medio, por supuesto, existe una amplia gama de grises. Interesante combinatoria, la que se abre cuando eso atañe a ambos miembros de la unión. Qué ocurre si ambos reaccionan igual? Y si son muy distintos? Y si ni fu ni fa?
El cómo nuestra pareja, que presuntamente nos conoce bien, asume que nuestro humor y/o nuestros silencios pueden deberse a motivos que nada tienen que ver con él/ella, y por ende los respeta, es un buen garante de éxito y longevidad en la relación. Así que muchas parejas prefieren mantener al margen sus circunstancias individuales, como medida de protección del ente “relación”. No olvidemos que cuando se unen dos seres individuales se genera un tercero, la pareja, que tiene vida, características y comportamientos propios… y que no tiene por qué soportar más problemas que los suyos.
Pero qué ocurre si ambos componentes pasan simultáneamente por malos momentos personales, tanto como para ofuscarse y no poder recordar esa práctica de no intromisión? Amigos, choque seguro. Lo cual no tiene por qué ser malo, porque al final, de uno u otro modo, hay que acabar hablando de los problemas, si no queremos que se enquisten de forma bastante irremediable… Intuyo que viene de ahí la corriente que promulga que la “sinceridad total” en la pareja es una muestra de madurez y de higiene emocional. Realmente cuando esa práctica de sinceridad se materializa es una señal de aceptación y de amor, porque no todo lo que oiremos va a ser lo que querríamos oir, y asimilarlo requiere, y genera, un gran trabajo personal.
Vuelvo a preguntar: es tan imprescindible entonces la sinceridad en la pareja? O por el contrario lo imprescindible es tener nuestros secretitos al margen, porque nos dan vidilla? Una vidilla que por otro lado nos activaría, evitando que nos apelmacemos, y que sostendría ese punto de “ser interesante” para el cónyuge. No forma parte eso también de ese espacio individual tan sano que todos reclamamos? Muchas veces, quien exige tanta sinceridad en la relación, inconscientemente desea imponer un cierto control, lo cual suele ser síntoma de inseguridad…


Esta entrada fue escrita el Martes, febrero 22nd, 2011 at 8:53 pm y está archivada bajo las categorías La zona gris. Puede seguir los comentarios a esta entrada a través del RSS 2.0. Puede dejar una respuesta, o un trackback desde su sitio web.