Quiero vivir debajo del mar
Apuntes submarinos de un buceador principiante
Por Alberto D. Fraile OliverEl primer día que me sumergí con las botellas, el día de mi bautismo de buceo, fue en un lugar bastante castigado de la costa mallorquina. El club de buceo está en los bajos de un hotel, en Illetas, en la Bahía de Palma. No esperaba ver
grandes cosas, quizá algún coche hundido, un zapato o una lavadora, pero la emoción de llevar el equipo y de pasar 45 minutos respirando bajo el agua era más que suficiente. Sin embargo, el Mediterráneo me recibió generoso. Después de hacer algunos ejercicios, Miguel, mi instructor me llevó a dar una vuelta y pude ver algo muy especial y poco común. En un campo de posidonia vimos dos pequeños caballitos de mar. Dos criaturas etéreas, ajenas a nosotros, que se miraban con sus colas enroscadas y su fragilidad. Uno era amarillo y el otro morado. Pasamos unos instantes observándoles. Testigos de una escena de otro mundo. Me emocioné y al salir supe que en el mar había algo importante para mi. Mis prejuicios sobre lo que puede ofrecer el mar, incluso en sus costas más erosionadas, desaparecieron. Algo que se me confirmó cuando el tercer día de inmersiones nada más entrar en el agua, en una zona donde había bañistas vimos una raya de un metro de diámetro. Elegante y sinuosa.
A bordo del Calypso
Supe que haría submarinismo desde que era pequeño y veía sentado en el sofá de terciopelo azul de mi casa los documentales de Jacques Cousteau. Me quedaba maravillado. A veces, cautivado frente a la tele, en pijama después de cenar, me sentía a bordo del Calypso. Recuerdo perfectamente muchos de los momentos de aquellos capítulos. Los gorros rojos del comandante y su tripulación, las botellas de oxígeno amarillas, la penetrante voz del narrador, el silencio de los fondos marinos y todo aquel mundo desconocido esperando a ser desvelado. Las criaturas marinas que aparecían me deslumbraban: ballenas, delfines, calamares gigantes, pulpos, tiburones, focas, aves, tantos y tantos bichos alucinantes. Cousteau y su tripulación se ponían los trajes de neopreno, sus aletas, se calzaban las bombonas y se sumergían en aquel mundo tan cercano y tan extraño. Fueron pioneros, conquistadores de un terreno desconocido. Las inmersiones que he hecho este verano me han conectado directamente con ese niño que flipaba delante de la tele.
Habiendo nacido en Mallorca es normal estar en contacto con el mar. Está presente aunque no lo veas. Y cuando vives fuera de la Isla, en un lugar de interior, te das cuenta de lo importante que es su presencia. Como añoras a un buen amigo. Echas de menos su apoyo silencioso, el hecho de saber que está ahí si lo necesitas. Sin embargo, hasta que no te sumerges en los fondos no te das cuenta de su verdadera dimensión. De su fuerza como fuente de la Vida.
Finalmente este verano he dado el paso. Me he sacado el título de submarinismo y me he sumergido en el mar con botellas de oxígeno. Las sensaciones y emociones han sido muchas y variadas. Sorpresa, temor, alegría, admiración, compañerismo… Durante el curso se fueron sucediendo las inmersiones y los ejercicios. Y a medida que iba avanzado tomaba conciencia de que entrar en el mar es como acceder al otro lado del espejo. Allí abajo las cosas funcionan de otra manera. La densidad y la presión es diferente y las reglas físicas son otras. Bucear es parecido a volar. Los plomos y tu chaleco inflable te dan flotabilidad y te mueves suspendido en el agua como un pez, con suaves aleteos. Es un mundo diferente en el que gracias a los avances técnicos te puedes colar sin invitación. Allí estás en un mundo fluido y silencioso, salvo por el sonido de tu propia respiración. Es una de esas experiencias que no se parecen a nada y que solo puedes conocer si las haces. La belleza que se muestra bajo el agua es difícil de describir y las imágenes no hacen justicia ya que no van acompañadas de las emociones que provoca estar allí respirando por el regulador. Es también un camino de autosuperación, porque nos pone frente a nosotros mismos, nuestras inseguridades y temores ocultos.
La importancia de ser prudente
El ambiente del club de buceo es divertido, está en Mallorca pero es un lugar fuera del tiempo y el espacio. Llegas a los bajos del hotel y los trajes y equipos están colgados en perchas en un lugar muy húmedo, con las paredes
desconchadas. Hay agua y salitre por todo. Es como un lugar intermedio entre la tierra y el mar. Casi anfibio. Por allí recalan personas muy diferentes cuyo nexo de unión es que han tenido la experiencia submarina.
Llevas el oxígeno que vas a respirar durante tu inmersión colgado de la espalda, en botellas de aire comprimido. Y respiras por la boca a través de un regulador. Todo ello hace que seas muy consciente de la respiración. Inspiras y expiras profundamente, expulsando burbujas y emitiendo un sonido hipnótico que te acompaña durante la inmersión. Es el único sonido, salvo el paso de alguna embarcación en la superficie.
Pronto aprendes la importancia de ser prudente. Hay un hecho que no se puede olvidar: entras en un mundo que no es el tuyo con un equipo de supervivencia. Si bien bucear es una experiencia única, entraña algunos riesgos que solo la prudencia y la buena preparación pueden evitar. Tres reglas deben ser recordadas. La importancia de tener un compañero de buceo, el hecho de estar preparado adecuadamente tanto en la teoría como en la práctica y la seguridad de tener un equipo fiable y bien cuidado.
No sé si es porque mi horóscopo es Piscis, pero cada vez que me sumerjo me siento como en casa. Allí se fluye y hay silencio. Be water, my friend…
Más información:
Película: Océanos (2009). Extraordinario documental de Jacques Perrin y Jacques Cluzaud que describe la fuerza y la belleza de la vida en el mar. Y el choque de lo submarino con el hombre.
Libro: El yoga del agua (Ed. Gaia). El orientalista Carmelo Ríos nos acompaña en un viaje multidimensional por todas las caras del líquido elemento
3 comentarios para “Quiero vivir debajo del mar”
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El agua es un líquido maravilloso donde la transformación es constante. Su ciclo va
de la tierra al cielo y del cielo a la tierra. Es materia cuando sólida, espíritu cuando
vuela. La información que trae se incorpora al alimento.
El espíritu es fluido como el agua separada al comienzo de la creación.
Cristo tiene como símbolo un pez. Sin equipo podemos sumergirnos en ese mar co-
lectivo…también una hermosa experiencia como esta en el mar de Mallorca.
Te felicito por tu descripción de lo que es el mundo submarino, yo llevo 6 años disfrutando de ese mundo, mi mundo como lo llamo, y como bien dices, hay que ser disciplinado y respetuoso, de esa forma nada te pasara. Solo disfrutar de cada maravilla, de cada instante que se esta ahi. Dificil es describir, solo debe ser experimentado por cada uno.
Suerte y gracias por compartir tan buenos conceptos, eso si te hare una aclaración, en la botella, llevamos aire comprimido, no oxigeno.
Saludos
Claudio
Aunque no se buzee, el mar atrae… Es nuestro origen, ahí esta el participar y dejarse
envolver por su fluidez, su grandeza, su silencio… Nuestro cuerpo es agua, nos forma-
mos dentro de nuestra madre en agua salina (líquido amniótico)… el mar atrae.