Taller de meditación integrativa

Despertar el sentido de la belleza

Fundación YannickMallorca no es una isla demasiado grande. Sin embargo tiene muchos pliegues y en ellos, a veces, se ocultan cosas sorprendentes. Donde menos te lo esperas, ¡zas!, aparece lo increíble. Eso sucede en Alcudia. A cuatro kilómetros del pueblo y transitando por un polvoriento camino se esconde un tesoro, el museo de la Fundación Yannick y Ben Jakober.

Sa Bassa Blanca es la finca que acoge este excéntrico y sublime museo. Como la mayoría de las cosas buenas, está escondido… pero si te animas y sales a su encuentro, no te defrauda. La pereza inicial de llegar hasta Alcudia y luego transitar por un polvoriento camino se transformó en entusiasmo.

Al bajarme del coche me recibió la escultura de un perro de tres metros de alto, esculpido siguiendo el modelo de la cultura japonesa Haniwa. Este animalito es el inicio de uno de los espacios artísticos de la Fundación, el Parque zoológico. Un itinerario al aire libre en el que esculturas inmensas de animales se suceden entre olivos. Un simpático elefante de más de dos metros inspirado en un modelo persa del siglo XVII, un hipopótamo inspirado en una escultura egipcia que se conserva en el Metropolitan Museum de Nueva York. Y así, un camello, un caballo, una paloma, un gato, un grupo de carneros… alucinante.

Alicia vuelve al país de las maravillas.

Cuando termina el recorrido, una obra descomunal llamada Las estelas del sol te transporta de un plumazo a 4.000 años antes de Cristo. Un grupo de 12 megalitos que forman un elipse con algo más que vestigios neolíticos. Una época en la que arte y religión estaban unidos. Cada una de las piedras mide 3 metros de alto y el conjunto forma una circunferencia de 75 metros. Los pedruscos son piedras calcáreas naturales, sin cortar, extraídas de las montañas de Mallorca.
Vuelvo sobre mis pasos algo sobrecogido y antes de llegar a la casa me encuentro con dos espacios expositivos más. Antes de entrar en uno de ellos, el SóKraTES, me topo con una escultura de Barbie y Ken. Allí está la pareja con la que han jugado la mayoría de las niñas del hemisferio norte, con dos metros de altura y pintados de color oro. Después de visitar Stonehenge el encuentro con estos chicos de oro me ha dejado de piedra. El estado ideal para adentrarme en una especie de templo egipcio que alberga en su vientre algunas obras que me confirman que estoy en otra dimensión. Caigo por el agujero de la madriguera.

Al fondo de la sala, está el protagonista: el esqueleto de un rinoceronte lanoso de narices tabicadas. Descomunal. Lo de lanoso viene porque tenía un gran pelaje. Ahora ya no le queda ni un pelo pero impresiona igual. Tres metros de rinoceronte fosilizado, dos cuernos amenazantes y un lomo huesudo erizado te dejan clavado en el sitio.

Este ejemplar vivió en Sibería (Rusia) y era vecino del Mamut y el Oso de las cavernas durante los maravillosos años del pleistoceno. Para añadirle un toque kisch, al esqueleto le flaquea una cortina de brillante cristal Swarovski de miles de piezas. Forman un conjunto realmente espectacular.

En la misma sala hay un cuadro de Barceló, un chupete gigante, una copa metálica que a más de uno le resultará familar, un cuadro titulado CO2…

Al salir, me encuentro con otro megalito: Este tiene nombre propio 11-11-01. Esa fue la fecha de uno de los temporales más fuertes que han sacudido Mallorca en las últimas décadas. Y se ensañó principalmente con esta zona de la Isla. Miles de árboles cayeron y los destrozos en la Fundación fueron importantes. Esta piedra les rinde homenaje.

Ya voy captando el concepto, cada espacio expositivo te sacude con una atmósfera diferente que te empapa y te cautiva. Si SóKraTES me ha desconcertado, el Aljibe con su colección Nins me va a erizar la piel. La colección Nins es la mayor reunión de retratos de niños del mundo. Hay de diferentes países y épocas, entre el siglo XVI y el XIX, y se pueden observar las diferentes tendencias pictóricas de las Cortes de Europa. Cientos de cuadros de niños salpican las paredes de este viejo Aljibe que se ha convertido en una moderna sala de museo.

Es un lugar que permite ver como evolucionaron los trajes de los niños, sus juguetes, su época… pero más allá de la historia y del arte hay un denominador común en estos retratos: sus ojos tristes. No debía ser nada agradable ser niño en una corte Europea hace 5 siglos.

Sólo Alá es perfecto

Dejo atrás a los Nins y me acerco a la casa donde me reciben Yannick Vu y Ben Jakober, los creadores de la Fundación. De hecho muchas de las esculturas que pueblan el lugar son de su autoría, también son coleccionistas, y después de ver este lugar hay que ponerles la etiqueta de taumaturgos. Son una pareja multicultural. Ben es de familia húngara, nació en Viena y pasó su juventud en Inglaterra. Después trabajó en Francia. Yannick es hija de Vu Cao Dam, un famoso pintor y escultor vietnamita y su madre era una pianista francesa. Su relación con Mallorca viene de lejos. Vivió en S’Estaca, la finca que cuidaba la amante del Archiduque Luis Salvador, famosa por su moscatel y lugar donde murió de lepra mientras el archiduque bohemio surcaba el Mediterráneo. La misma finca que ha salido en la revista Hola gracias a Michael Douglas, su actual propietario junto a su ex-mujer Diandra. Allí vivió Yannick en la época dorada de Deià, finales de los 60, junto al artista italiano Domenico Gnoli. Allí estaban, entre otros, el Robert Graves de la última época y Matti Klarwein el artista desconocido más famoso del mundo. No era una escuela –dice Yannick- eran amistades, disparates y momentos de enorme alegría e intercambio de ideas y emociones. En los 60 había una fuerte conexión entre Deià y Nueva York. Era el despertar de oriente: Tibet, Goa…, Mayo del 68, los hippies… Era un movimiento muy fértil. Ahora se ha convertido en un mercantilismo fragrante. Estas palabras salen de la boca de Yannick con cierta tristeza.
Cuando empezamos el paseo por el interior de la casa, Ben comenta que su deseo es que todo lo que han coleccionado quede junto y en Mallorca para siempre.

Esta pareja y su museo tiene una faceta didáctica importante. Todo el museo esconde un intención: ayudar a despertar el sentido de lo bello. Esa es la esencia de este lugar.

Cuando le pregunto a Ben por la creatividad, antes de contestar sale a buscar algo. Regresa a los pocos instantes con un objeto en la mano, parece un oscar de los que dan en Hollywood. Cuando me lo enseña me percato de que es una escultura en miniatura de la Barbie gigante que he visto antes en el exterior. También está bañada en color oro. Si embargo, esta tiene un pedestal. Su pies están colocados sobre una calavera. La creatividad es un momento eureka. Cuando una serie de elementos sin conexión aparente al unirse hacen una cosa nueva y original. Deja la Barbie con calavera sobre la mesa. Y nos adentramos en la casa, un lugar deslumbrante. No es una simple casa restaurada; es una obra de arquitectura con mayúsculas. El arquitecto que llevó a cabo la obra (1978) fue un egipcio llamado Hassan Fathy. Era el primer trabajo que recibía fuera del mundo árabe (en caso que decidamos excluir a Mallorca del mundo árabe). La casa tiene un diálogo constructivo con S’Estaca. A ello se sumaron elementos de Granada, Sevilla y el Magreb. El jardín interior es ideal para la canícula. Las dos fuentes que refrescan el patio son antigüedades de Granada. No están alineadas con el centro del patio, según cuenta Ben, cuando le preguntaron al arquitecto sobre este asunto contestó: sólo Alá es perfecto.

En el interior de la casa hay una cubierta de madera de una cúpula que merece atención especial. Se trata de un artesonado policromado hispano-musulmán originario de Tarazona (Zaragoza), fechado en 1498 y que ha sido reconocido como Bien de Interés Cultural del Patrimonio de las Islas Baleares. Un grupo de ventanas de la planta baja perteneció a la casa donde vivió Federico García Lorca.

La propia casa, además de ser una joya arquitectónica, es un espacio expositivo más. Allí se encuentra la colección de Arte Moderno y Contemporáneo. En el vestíbulo me llaman la atención dos vitrinas donde Ben y Yannick coleccionan muchas de las piezas que les han servido de inspiración para sus obras. Esos objetos que al juntarse con otros sin relación aparente dan lugar a un acto creativo. Allí está una miniatura del perro japonés gigante que me recibió al llegar, el elefante, la Barbie y el fósil que sirvió de modelo para hacer su pedestal… Esas vitrinas albergan muchas de las ideas que han inspirado a Ben y Jannick. Es un pequeño reconocimiento a sus fuentes de inspiración.

La casa alberga, entre otras muchas cosas, instalaciones de Rebecca Horn, una sala dedicada a la obra de Domenico Gnoli, primer marido de Yannick y otra a Vu Can Dam, su padre…

Dos espacios me quedan por visitar. El jardín de rosas, creación de Yannick, cuyos perfumes espero poder saborear este mes de mayo y un mirador situado a 20 minutos a pie desde la casa. Un antiguo observatorio militar que hoy alberga una intrigante Camera Obscura.No es aconsejable desvelar todo el contenido del secreto…

Yannick Vu y Ben Jackber.

Estos dos artistas globales, mestizos y multiculturales viven a caballo entre Costa Rica, Malta y Mallorca. Se esfuerzan en ser buenos intermediarios entre lo que sienten y lo que logran comunicar. Su trabajo consiste en reformar la realidad para hacerla más bella y luego compartir el resultado. Su laboratorio está en Alcudia, escondido en uno de los pliegues de Mallorca. Un lugar que, por suerte, aún puede sorprendernos.

www.fundacionjakober.org

Comenta este artículo