¡He perdido mi gotita de rocío!, dice la flor al cielo del amanecer, que ha perdido todas sus estrellas. — Rabindranath Tagore

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Slow Travel: India. Rameswaram (I)

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El tren pasando sobre el puente de Pambar, olor a pescado, cabras y vacas entre las marismas, calles sin asfaltar, polvorientas. No se ven turistas. Sólo peregrinos indios desfilar en dirección al templo de Ramanasthaswamy. Mircea Eliade estuvo en este lugar a principios del siglo pasado. Sus impresiones están en” El Vuelo Mágico”.

playa de Dhanushkodi

Después de dejar la mochila en el hostal vamos en rickshaw a Dhanushkodi, una playa “que parece el fin del mundo” según las guías. En el trayecto vemos águilas, halcones, cigüeñas, pavos reales sobre los árboles, chozas donde viven los pescadores y sus familias al borde del mar, cabras, gallinas, caballos salvajes retozando en las marismas. El agua del mar de Bengala es más azul, más clara que la del mar arábigo, en Goa o Kerala. En la playa, barcas de madera de pescadores, pescado extendido sobre esteras en la arena. Parece sazonado, por eso los pájaros no lo tocan. Ni un solo turista, sólo nosotros. Más tarde conoceríamos un holandés de 50 años más o menos, un hippy happy con larga cabellera rubia que viajaba solo. Se había enamorado de este lugar y pensaba dormir al raso esa noche. Este paisaje me sorprende por su sencillez, su salvaje belleza, su desafiante luminosidad, tal vez superior a la del Mediterráneo. Los niños nos miran con extrañeza y fascinación, los adultos con curiosidad. Caminamos un rato y estamos solos, ni siquiera hay nativos en varios kilómetros a la redonda. La arena blanca, miles de conchas, dos barcos de pesca con velas azules en el horizonte. Al otro lado las montañas de Sri Lanka. El latido indómito, eterno de las olas al finar en la orilla con espuma blanquísima, el suave rumor del viento del océano en un delicioso chasquido, todos esos sonidos fundidos con cantos de pájaros diversos y el silencio de la inmensidad, ni rastro de la civilización…

Luego comemos pescado y arroz con la mano derecha sobre una hoja de plátano en una choza que hace de posada. Una niña nos reclama un bolígrafo y le doy el mío. Se pone tan contenta que salta de alegría. Comemos rodeados de tamiles que nos auscultan con infinita atención.

Al día siguiente voy solo al templo de Ramanathaswamy, templo sagrado para Vishnuistas y shivaistas porque aquí Rama, la reencarnación de Vishnu en el Ramayana, dio gracias a Shiva.

interior del templo_webHablo con uno de los sacerdotes del templo y me asigna un hombre que me acompañará a los 22 theerthams (aljibes o pozos con agua sagrada) donde los peregrinos hindúes toman sus baños purificadores, mágicos. El interior del templo es hermoso. Mandalas con colores preciosos decoran los techos. También hay pinturas de Shiva, Parvati, deidades como Rama en retablos inolvidables, colores sobrenaturales, animales mitológicos esculpidos en piedra en los laterales. Sólo hay peregrinos hindúes, familias enteras venidas de otros lugares del sur de la India empapados todos. Descalzos, caminamos pisando los charcos de agua que hay en muchas partes del interior. Claroscuro, luz radiante y vida en las tinieblas luminosas. Hay un elefante que se pasea por el interior del templo. Ocasionalmente los peregrinos lo tocan. Les dará suerte. Es el cuerpo de Ganesha, hijo de Shiva y Parvati. Al entrar un sacerdote me había dado una cucharada de leche de coco (om nama shivaia) y comienza la celebración purificadora del ritual. Uno a uno el hombre me lanza dos cubos de agua, a veces tres,  en cada theertham que visitamos. En el Sethu Madhava uno recibe el regalo de Lakshmi, sus bendiciones y su purificación. En el Sooriya theertham uno adquiere el conocimiento del pasado, presente y futuro y alcanza los mundos que desee.. En el de Sangu te liberan del pecado de la ingratitud. En el de Yamuna Gnanasuruthi, Rajah alcanzó la sabiduría, así cada theertham tiene aguas purificadoras, milagrosas, virtudes sobrenaturales asociadas a leyendas del panteón hinduista.. Cuando ya vamos por el tercero estoy completamente calado. Muchos de las inmersiones rituales las hago con peregrinos muy jóvenes vtemplo_new webestidos con sus dotis, una mancha roja en sus frentes,  recitan en voz alta salmos o mantras de los Vedas antes y después de recibir el agua bendita. Mujeres ataviadas con sus saris se bañan con sus hijos. También hay ancianos agonizantes, algunos en sillas de ruedas. Aprovecho un receso para hacer unas fotos. Tras los baños rituales medito al sol en el estanque de Loto. Posteriormente entro en el espacio reservado a las pujas. Un monje con una doti blanca, círculo carmesí en la frente y el pelo rapado,  extrae un fuego flotante servido en una bandeja de oro sobre la que reposa un polvo encendido. Lentamente el gurú acerca el fuego a los devotos que hacen una reverencia en torno a él para luego ponérselo sobre sus frentes. Fervor sagrado, belleza intemporal, eterna. En los corredores largas filas de fieles esperando su ración de arroz y leche. Salgo del templo bebiendo otra vez leche de coco y entro en una estancia donde recibo una bendición final de un sacerdote bajo la imagen de Shiva. Dejo algunas rupias en la bandeja y salgo mucho más fuerte, alegre.

Segunda parte: Rameswaram (II)


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Un comentario para “Slow Travel: India. Rameswaram (I)”

  1. emilio dice:

    me esta encantando este relato, yo creo que seria una de las cosas que mas me gustarian, viajar a la india y a otros lugares del sudeste asiatico con tranquilidad, para encontrar y recuperar la magia de las cosas, un sentido distinto en el fluir de la vida…

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