23
octubre
2011
Un árbol que cae
Por Xavier PujadasEmpiezo hoy recurriendo a un famoso tópico: Si un árbol cae en medio de un lejano bosque y nadie puede oírlo, significa eso que el árbol no ha caído?
Esa pregunta siempre me ha parecido ridículamente presuntuosa, pues parece que solo se da valor a la realidad en la medida en que la captamos los humanos. Como si fuéramos los únicos seres capaces de apreciarla y dar valor a lo que ocurre, subestimando al resto. Es que no hay animales en ese lejano bosque? Es que los árboles circundantes no cuentan? Por mi parte, la respondería con otra pregunta: si no hubiera seres humanos, ese bosque no existiría? No habría caído el bendito árbol?
Necesita la naturaleza de nuestra presencia? Es curioso que todo el proceso biológico que nos precede, de miles de millones de años, haya derivado en nuestra aparición, y después en nuestra desafortunada intervención, hasta llegar al nefasto (y casi funesto) punto actual. Qué sentido tiene? Menuda cura para nuestra absurda prepotencia, pensar que si nuestra acción prosigue con la tendencia y el ritmo actuales, nuestra especie sería una segura candidata a la extinción, y que la vida hallaría miles de caminos alternativos para permanecer. Y ello favorecido por nuestra desaparición, por supuesto.
Para Gaia no somos más que un grano en el culo. Podríamos ser una magnífica especie participativa, que a pesar de ganarse uno de los puestos más altos de la cadena trófica podría ocupar un papel de observación activa, adoptando tareas de coordinación y mantenimiento… el único requisito es afrontar nuestra relación con la naturaleza desde la veneración, y no desde la actual posesión mecanicista, ese afán nuestro de provecho que está resultando tan nocivo. Respeto contra destrucción.
No seguiré yendo por las ramas (ya que hablamos de árboles) y me ceñiré al asunto que pretendía. En realidad buscaba un símil entre el árbol caído y el resultado de nuestras acciones. Pongamos que uno comete un acto, como conclusión de una serie de decisiones previas, cuyas consecuencias no ha previsto o quizás desconoce. Esa acción puede basarse en una intención premeditada, buena o mala, o puede ser incluso involuntaria, pero puede lastimar a otros seres, directa o indirectamente, o tal vez al medio ambiente.
Pongamos el caso de un broker, de un conductor a quien le gusta la velocidad, de un profesional sin mucha pericia, de un político atenazado por los mercados…
Si el autor ignora ese posible daño que ha causado, ello le exime de su responsabilidad? Si no tenía intención de herir a nadie, es eso ciertamente un atenuante? Si uno sabe que ha hecho mal pero no hay testigos, puede olvidarlo, darse una segunda oportunidad e irse de rositas? Las respuestas pueden parecer evidentes, pero no lo son.
Eres responsable de tus acciones? Eres una persona consecuente?


Esta entrada fue escrita el Domingo, octubre 23rd, 2011 at 10:33 pm y está archivada bajo las categorías La zona gris. Puede seguir los comentarios a esta entrada a través del RSS 2.0. Puede dejar una respuesta, o un trackback desde su sitio web.