23

mayo

2011

Y ahora qué?

Por

Vaya por delante que yo no he estado en Islandia. Y lo lamento. No he podido ir a la nueva Paz Espanya de Palma porque he estado ocupado en otras cosas que, me atrevería a decir, serán muy útiles para mi (nuestra) tierra y para mi (nuestra) gente. Mi admiración y respeto por toda esa marea humana que se está moviendo aquí y en todo el país, consecuente (por fin) con su forma de pensar, de ver y entender el mundo y cómo debe ser gestionado.

Comprendo y comparto al 100% el por qué… pero debo admitir que no entiendo el cómo. Tanta movilización, tanto compromiso y esfuerzo, tanta verdad… y al parecer tan poca estrategia? Temo que me estoy precipitando con esta valoración cortoplacista, seguramente afectado por cierta frustración cegata, y que el resultado es solo momentáneo, apenas una parte del pastel que se está cociendo. La masa va tomando color y forma a fuego lento, y mientras crece empieza a emanar ese dulce aroma de la libertad. Por eso me sorprende que justo ahora le demos poder a un cocinero vengativo para apagar súbitamente el horno.

Hace tiempo que vengo diciendo que el Sistema está tocado de muerte, y así escribí en su día que teníamos que limitarnos a esperar cómodamente sentados a que llegara ese momento… pero eso no significa darle confiadamente  la espalda! Sabemos que esa no será una muerte rápida y que, en sus últimos estertores, este cadáver agonizante siempre tendrá tiempo de pulsar el botón rojo y mandarlo todo a la mierda en un fatuo intento por salvarse. Y no se nos ocurre otra cosa que dejarlo solo, sin poner a nadie cerca para evitarlo?

En mi opinión, en esa etapa de transición, lo realmente útil como medida de “muerte controlada” habría sido participar. Al Sistema hay que ayudarlo a morir desde dentro, de modo que ese deceso no sea la explosión inmolatoria de un suicida desesperado, sino un sucio y feo gusano que va perdiendo su vigor y su voracidad para apagarse lentamente, apresado e inmovilizado por su propia red… como una crisálida de la que pueda renacer una bella mariposa, a la que tenemos que vestir con esos nuevos colores.

Es por ese motivo que he estado defendiendo que la abstención, el voto en blanco o el voto nulo no eran ninguna solución. Paralelamente a la gestación formal de ese nuevo paradigma, cuya definición y articulación deben ser independientes del Sistema, y por lo tanto desde fuera del mismo, para mí es igual de importante dar voz a los grupos políticos que (unos más y otros tal vez menos) estén cerca de esas mismas ideas. Un ejemplo: quién va a cambiar la nefasta Ley d’Hont, si no es desde los poderes legislativo y ejecutivo? Cómo somos tan ingenuos de creer que irán contra lo que favorece su poder, solo porque haya unas decenas de miles de campistas en las plazas (a los que ya se encargarán de desprestigiar, si no más… cuidado), o cuatro escaños vacíos?

Ahora podemos improvisar justificaciones a posteriori, como aquello de que si la derecha neoliberal provocó la crisis (con nuestra inestimable ayuda, la de todos, no lo olvidemos) son ellos los que deben resolverla. De acuerdo que son otros tiempos: el Cambio ha empezado y probablemente ya no habrá quien lo pare. Pero en el impass, cuando empiecen a andar a sus anchas, y basta recordar todo lo ocurrido la última vez que lo hicieron, tanto aquí como a nivel estatal, el destrozo podría ser irreparable. Una vez más, tenemos lo que nos merecemos.


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